Sin que el obispo Zumárraga lo
pretenda, su petición de una señal a Juan Diego la recoge la Virgen con un eco
que trasciende los siglos. La Sagrada Escritura esta llena de señales divinas,
desde aquel primer arco iris que Dios estableció al final del
diluvio en las nubes[1]. Entre
todas las señales, hay una que hace referencia especialmente al modo cómo la
Virgen de Guadalupe va a imprimir su imagen en la tilma, es decir como una doncella
encinta que va a dar a luz un hijo[2].
Esta es la señal por antonomasia del plan de Redención en el antiguo
Testamento, que hace eco a la promesa tras la caída del hombre en el Paraíso en
el protoevangelio: Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre
tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar[3].
Dios le da esta señal al rey Ajaz[4]
(739-723 antes de JC) a través del profeta Isaías, anunciando el modo en que
realizará su plan de Redención del hombre. Siete siglos más tarde se cumple
esta señal con el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de Santa María Virgen [5].
En
el Apocalipsis Dios vuelve a dar la misma señal a través de San Juan. Una
gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo
sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita
con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz[6].
Exactamente con esos atributos se imprime la imagen de la tilma. Dos veces en
la historia y en la Sagrada Escritura,
la Virgen está encinta. La primera da a luz materialmente y sin
dolor. La segunda, dará a luz espiritualmente y con dolor un Hijo varón, el
que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro[7], para dar
cumplimiento a la oración de Jesucristo: Padre, santificado sea tu
Nombre, venga tu Reino[8].
Como en tiempos del rey Ajaz de Judá, en
tiempos de Carlos I, coronado emperador de los cristianos por el Papa León
X, Dios da la misma señal con antelación
de siglos. En tiempos de Isaías fue la señal del comienzo del plan redentor
divino, en el Apocalipsis y ahora en el Tepeyac es la señal de su culminación.
Como
por el pecado (entró) la muerte y alcanzó a todos los hombres[9]
por la Resurrección de Jesucristo, que es volver a la vida, se prueba
que el pecado sale del mundo y que la liberación de la muerte alcanzará a todos
los hombres. La prueba de que se opera la redención del pecado original es pues
la Resurrección de Jesucristo porque si Cristo no resucitó, vuestra fe es
vana: estáis todavía en vuestros pecados[10].
Esta verdad se la manifestó nuestro Señor a los judíos cuando para
ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo[11].
Jesús respondió de dos maneras ambas señalando a su Resurrección.
¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la
señal del profeta Jonás. Porque de la misma
manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así
también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres
noches[12]. Y en otra ocasión que le
preguntaron: «Qué señal nos muestras para obrar así?» Jesús les
respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré»[13].
En
el Apocalipsis San Juan ve un tiempo en que no habrá ya muerte, ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque
el mundo viejo ha pasado[14].
La señal de la Virgen de Guadalupe encinta anuncia la llegada de
ese tiempo de cumplimiento completo del plan redentor en todos los hombres.
Para mostrarlo, libera de la muerte al tío de Juan Diego, como resucitó al hijo
de Don Gil de Santa María en Extremadura y como libró de la peste al pueblo
romano en tiempos de San Gregorio Magno. Y para que no quede duda de que
anuncia ese tiempo futuro, le manifiesta a Juan Diego su deseo de madre
compasiva, (...) de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno y de las
demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que
me busquen, los que confíen en mí[15], de allí escuchar
su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas,
sus miserias, sus dolores[16].
[1]
Génesis 9, 13
[2]
Isaías 7, 14
[3]
Génesis 3, 15
[4]
Isaías 7, 10
[5] Lucas
1, 34
[6]
Apocalipsis 12, 1-2
[7]
Apocalipsis 12, 5
[8] Lucas
11, 2
[9]
Romanos 5, 12
[10] 1
corintios 15, 17
[11]
Lucas 11, 16
[12]
Mateo 12, 38-40
[13] Juan
2, 18-19
[14]
Apocalipsis 21, 4
[15]
Nican Mopohua 29-31
[16]
Nican Mopohua 32
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