Las manos orantes Imprimir E-Mail
escrito por Administrator   
Monday, 24 de March de 2008
manos_200.jpg        
     Las manos de la Virgen en la imagen de la tilma se encuentran juntas en actitud de oración. Una observación atenta descubre en la parte exterior de su mano más visible una sombra que dibuja perfectamente un corazón. Nada está representado en la imagen de la tilma por casualidad. Inicialmente parece una forma de hacer más visible su Corazón Inmaculado y su amor hacia nosotros. En nuestros tiempos, por ejemplo, es sobradamente conocido el mensaje de Fátima en que la propia Virgen habla a los tres pastorcitos de esta devoción-refugio, del deseo que nuestro Señor tiene de que se difunda entre los fieles y de su importancia para nuestra salvación. 
 
     Pero al meditar un poco más en el lugar en que aparece, en la parte externa de su mano, que no es lugar para sostener u ofrecer un objeto parece más adecuado interpretar la aparición de este corazón desde el punto de vista de la mano en que se dibuja. Así se entiende que la mano tiene múltiples significados acordes con el mensaje que hasta ahora transmite la advocación.

 

En primer lugar se puede decir que ese corazón es el tercero que está en la imagen. Los dos primeros, aunque evidentes, están ocultos: el Corazón Inmaculado de María y el Corazón de Jesús que late en su vientre. Este tercer corazón, muy cercano al de María en la imagen, sin duda lo está porque también lo estuvo durante su vida. Sabemos que Dios planeó la venida al mundo del Redentor en el seno de una familia, a imagen de la trinidad: María no es una madre soltera sino una virgen desposada[1]. Su matrimonio es tan necesario para la aparición del Redentor como su virginidad. Como dice San Ildefonso de Toledo, su virginidad no fue sólo voluntad de Dios sino también voluntad de varón. San José fue como María, esposo virginal, porque creyó firmemente que en su matrimonio se cumplíalo que el Señor había anunciado por el profeta que dice: “He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo[2]. Y como esposo, Dios le encomendó una aportación esencial e insustituible: la virginal transmisión de sus derechos familiares para la formación del título del Mesías prometido mediante el encargo de ponerle el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados[3].

La mano tiene un evidente significado nupcial. En nuestro lenguaje aún llamamos petición de mano al acto previo al matrimonio en que se conocen las familias de los contrayentes. Pero la mano es también el primer instrumento de trabajo del hombre. San José, como María, asumió todas las cargas materiales propias de su situación de cabeza de familia y partiendo de un profundo amor virginal a su esposa lucho por crear el ambiente familiar en Dios quiso que se desarrollara la mayor parte del tiempo de vida de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra, incluyendo aspectos tan importantes para forjar su humanidad redentora como proporcionar una casa, medios para alimentarlo, vestirlo y formarlo en las costumbres de su pueblo y en los conocimientos necesarios para desempeñar un oficio material.

San José estuvo unido con todo su corazón a la tarea en la que Dios le involucraba y que primariamente sería realizada por su hijo Jesús y su esposa María como Corredentora. Por ello, parece lógico que así como fue un actor insustituible en la primera venida del Redentor al mundo, también tenga un importante papel en su segunda Venida, que marcan los tiempos del Apocalipsis. Así pues es consecuente pensar que este tercer corazón hace principalmente referencia a San José, que en esos tiempos estará como siempre unido a la Mujer del Apocalipsis. Y en esos duros tiempos sabemos que una terrible Bestia hará que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre[4]. La precisión del texto sagrado indica en qué mano se impondrá la señal, es decir en la mano derecha. Esta es precisamente la mano de la Virgen en la que se muestra el corazón, pues ya mencionamos que la figura esta impresa en espejo, como se deduce a partir de que el manto es un mapa de la posición de las estrellas en el cielo.

La aparición del tercer corazón, ligado precisamente a la mano derecha y a la Mujer del Apocalipsis es un símbolo inequívoco del poder que tendrá San José, para ayudar en la pelea contra esa marca. En aquellos tiempos no tener la marca de la Bestia supondrá la carencia de medios materiales, probablemente hasta el punto de no poder comprar alimentos. San José será entonces el que suministre el apoyo material, como lo hizo con nuestro Señor y como aquel otro José, tipo suyo, en tiempos de escasez en Egipto, al que Dios puso para remediar el hambre durante 7 años[5], los mismos que están predichos por el profeta Daniel para el tiempo en que manifestará su poder el Anticristo[6].

La liturgia invoca a San José con el título de terror de los demonios, que en definitiva serán los que soportarán a la Bestia y promoverán su marca porque «Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y acepta la marca en su frente o en su mano, tendrá que beber también del vino del furor de Dios, que está preparado, puro, en la copa de su cólera. Será atormentado con fuego y azufre, delante de los santos Ángeles y delante del Cordero. Y la humareda de su tormento se eleva por los siglos de los siglos; no hay reposo, ni de día ni de noche, para los que adoran a la Bestia y a su imagen, ni para el que acepta la marca de su nombre»[7].

Leer en el icono de Guadalupe, es igual que hacerlo en otras obras del Cielo como es la Sagrada Escritura. Los sentidos simbólicos aplicables a los distintos elementos “literales” son múltiples. Así, en el corazón que aparece en la mano de la Virgen no sólo se puede ver un símbolo de San José, sino también de Dios Padre, del que San José fue representante en la Sagrada Familia de Nazaret. La mano, no solo tiene un sentido nupcial sino que es un instrumento polivalente dado por Dios únicamente al hombre entre todos los vivientes, para generar todo tipo de trabajos ideados por su inteligencia: la mano es la extensión de la inteligencia. Así la mano es imagen de la capacidad creadora de Dios y el corazón sobre ella imagen de la realización de la Creación por puro Amor.  En el Apocalipsis se narra que tras la batalla con el Anticristo dijo el que estaba sentado en el trono: He aquí que hago nuevas todas las cosas[8]. La Creación entonces será restaurada y alcanzará mayor belleza que la actual. Y este modo divino de actuar por Amor es modelo para nuestras obras, que también deben tener por fin último el amor hacia Dios, incluso en los duros tiempos del Apocalipsis. Y al final, seremos juzgados por el amor que tuvimos.

        Por último, la mano como instrumento para obrar recuerda que el único consejo que recogen los evangelios dado por María a los hombres fue haced lo que El os diga[9]. Id a José y haced lo que os diga[10], también fue la indicación del faraón que convivió con aquel patriarca israelita tipo de San José. Haremos todo cuanto ha dicho Yahvé[11], es lo que respondieron los israelitas a Dios en tiempos del Éxodo para establecer la Alianza. He aquí que vengo para hacer tu voluntad[12], fue la actitud de Jesús al entrar en este mundo; y al consumar su vida: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya[13]. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra[14], es como nos enseñó a orar Jesús. Sin embargo, sólo diez años antes de la impresión del icono de Guadalupe en México un fraile centroeuropeo predicaba el erróneo planteamiento contrario: la fe sin obras es suficiente para salvarse, el hombre no puede agradar a Dios por sus obras, comenzado la división más importante de la Iglesia en el segundo milenio. El corazón visible en la mano de la Virgen de Guadalupe también puede interpretarse como la mejor apología de la ortodoxia doctrinal en aquella encrucijada de herejías en la historia.


[1] Lucas 1, 17
[2]
Mateo 1, 22-23
[3]
Mateo 1, 21
[4]
Apocalipsis 13, 16-17
[5]
Génesis 41, 55
[6]
Daniel 9, 27
[7] Apocalipsis 14, 9-11
[8]
Apocalipsis 21, 5
[9]
Juan 2, 5
[10]
Génesis 41, 55
[11]
Éxodo 19, 7-8
[12] Hebreos 10, 9
[13]
Lucas 22, 42
[14]
Mateo 6, 10

Modificado el ( Saturday, 26 de April de 2008 )
 
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