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El primer punto de
atención en cualquier rostro es la mirada. La Sagrada Escritura dice que por
la mirada se reconoce al hombre[1] y que una mirada
luminosa alegra el corazón[2].
La Virgen describe a Juan Diego su mirada como compasiva y misericordiosa[3]. Y a Juan Diego
parece haberle llegado al fondo de su alma cuando le llama respetuosamente[4] con toda una serie completa
y variada de piropos, mi Señora, Reina,
Muchachita mía[5],
Patroncita, Hija mía la más pequeña[6], Virgencita mía, Niña[7], Dueña mía[8], Jovencita, Niña mía[9], que recuerdan algunas
expresiones del Cantar de los Cantares: hermana mía, novia, me robaste el
corazón con una mirada tuya[10].
[1]
Eclesiástico 19, 29
[2]
Proverbios 15, 30
[3] Nican
Mopohua 28 y 33
[4] Nican
Mopohua 66
[5] Nican
Mopohua 24
[6] Nican
Mopohua 50
[7] Nican
Mopohua 55
[8] Nican
Mopohua 56
[9] Nican
Mopohua 66
[10]
Cantar 4, 9
Pero la Virgen va
más allá de esa primera impresión y en su conversación establece una relación
directa entre su mirada y lo que desea realizar con esta manifestación
extraordinaria. En su mirada de algún modo se encierra su voluntad, lo que
pretende mi compasiva mirada misericordiosa. Su mirada por tanto no
es casualidad, ni azar, sino que contiene una expresión de lo que quiere
realizar mediante la advocación de Guadalupe. Ya hemos hablado sobre el
contenido de sus palabras que incluyen un mandato de edificar mi casita
sagrada que va más allá del templo material del Tepeyac. Pero ahora vamos a
descubrir algo más de lo que pretende ese
mandato observando en su compasiva
mirada misericordiosa[1]. Se trata
de algo que durante más de 400 años permaneció oculto a los observadores de su
amada imagen porque era necesaria la combinación de varias tecnologías del
siglo XX para sacarlo a la luz. En otras palabras, porque era un mensaje para
los hombres de las cercanías de los tiempos del Apocalipsis.
La era de los ordenadores
mira todo por el prisma de los números. Las palabras digital, digitalizar y sus
derivados provienen de dígito que significa número. Las imágenes no escapan a
esta regla. Así digitalizar una imagen es convertirla en una matriz de números
que reflejan la intensidad de luz reflejada en cada punto de la imagen, dentro
de una franja determinada del espectro visible, infrarrojo o térmico. Esta
transformación, inicialmente compleja, permite a cambio posteriormente una
mayor capacidad de análisis sobre el contenido de la imagen. Con esta finalidad
se ha realizado en diversas ocasiones el proceso de digitalización de la imagen
de la tilma a partir de fotografías de buena calidad.
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