El tipo de imagen que describe a la Virgen en la
tilma es una Inmaculada Concepción encinta de estilo realista. En
el año 1531, aunque la doctrina de la Inmaculada había recibido ya un fuerte
impulso con el establecimiento de su fiesta litúrgica en 1476 por el Papa Sixto
IV, aún no se había definido como Dogma. El hecho de que sea esta la figura como
se convirtió en señal la Reina Celestial[1], refuerza la importancia
de esta doctrina para configurar todos los privilegios marianos así como su
maternidad divina y de todos los hombres
que en esta tierra estáis (...) y de las demás variadas estirpes de hombres[2] a la vez que señala
una vez más la conexión futura con la Nueva Jerusalén porque nada
profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira[3].
[1] Nican
Mopohua 189
[2]
Nican
Mopohua 30-31
[3]
Apocalipsis 21, 27
Pero además de configurarse como Inmaculada, la imagen está plena de
detalles llenos de significado. El
sol, la luna, las estrellas, las flores, los cerros, las plumas, los colores,
los glifos del vestido, todos juntos configuran un verdadero códice para los
indígenas, transmitido dentro de una imagen de estilo clásico europeo que, ayudó
a asimilar a los aztecas las verdades de la fe cristiana de un modo apropiado a
su cultura. Los historiadores aún profundizan en estos símbolos, si bien con
frecuencia lo han hecho desde perspectivas ajenas a la fe, lo cual les ha
llevado a interpretaciones completamente divergentes del sentido mariano de la
aparición e incompatibles con la historia previa de su advocación.
Entre
los simbolismos indígenas congruentes con el sentido sobrenatural del mensaje
de la aparición
se encuentra una flor de cuatro
pétalos en su túnica a la altura del vientre y situada entre otras flores que
también pueden tener diversos significados. Esa flor central, igual a otra que
aparece en el vestido interno de la talla de Extremadura, parece una
estilización del nahui-ollin, signo del origen de la vida, del principio
y fin, del centro de la historia, de la morada de Dios. La Virgen, viniendo de
Dios y poniéndolo en su vientre, muestra a los indígenas que tiene a Dios en su
interior. Complementariamente da este mensaje en el siglo XX a través del mapa
de estrellas que contiene su manto, en su vientre se situaría, en clara
posición fetal, la constelación de Leo, relativa al León de Judá.
Diversos
autores han profundizado con mayor o menor acierto en los simbolismos indígenas
que puede contener la imagen de Guadalupe en México. Nuestra opinión es
favorable a esas conclusiones siempre que concuerden con la finalidad primaria de
transmitir la fe, con la historia milenaria de la advocación, con la voluntad
de la Virgen manifestada principalmente a través de los textos del Nicán
y con el mensaje apocalíptico que quiso asociar a su manifestación al imprimir
una imagen concordante con la descripción de la señal de la Mujer
en ese libro sagrado[1]. En otro caso, las
clasificamos como
hipótesis erróneas, propias de cualquier
proceso investigador
Relieve de una Inmaculada con el Niño, instalado sobre la silla del
prior en el Coro del
Monasterio de Extremadura el año 1499, atribuida
al escultor flamenco Digante Villemin
El estilo de la
imagen que se imprimió en la tilma de San Juan Diego recuerda mucho a otra imagen
que se había puesto el año 1499 encima del asiento del prior[2] en el Coro de la iglesia
del Monasterio de Guadalupe en Extremadura. El tamaño de la Virgen en este
altorrelieve es el mismo de la figura en la tilma, así como los colores del
manto, los adornos de estrellas y rayos solares, la Luna y el ángel a sus pies.
El color es trigueño oscuro, el rostro lleno y hermoso, frente espaciosa,
ojos grandes, inclinados a la tierra, la nariz seguida en proporción, los
labios delgados y juntos, el cabello es una madeja de oro muy poblada, y
partida en dos mitades desde el medio de la frente[3]. El acta capitular que tomó aquella decisión
mandó que la imagen fuese sicut Mulier amicta sole, et Luna sub pedibus eius,
es decir como Mujer vestida de sol y la Luna a sus pies[4], en clara
alusión a la Mujer del Apocalipsis. La semejanza es tal que en el siglo XVII se
la llamaba cariñosamente en Extremadura la Virgen de Guadalupe de México[5]. Inversamente, algunos
indigenistas encontraron en este parecido entre las dos imágenes la razón para
asegurar que el nombre Guadalupe había sido asignado por los españoles a la
Virgen del Tepeyac. Sin embargo, sin negar las coincidencias, existe una
diferencia sustancial entre ambas pues en la imagen del Coro del Monasterio de
Extremadura aparece la Virgen con el Niño recién nacido, pues éste se encuentra
aún desnudito, mientras que en México la Virgen aún está encinta.
En
el pasado las interpretaciones sobre la existencia de esta imagen, se han centrado
en poner de manifiesto la coincidencia de parecidos casi como una mera
curiosidad. Sin embargo, como queda corroborado en cada página de este libro,
los detalles históricos de la advocación de Guadalupe siempre tienen una
importante razón detrás de ellos, que con frecuencia se ha minimizado o pasado
por alto. El prior Francisco de San José del Monasterio Extremeño pensó en el
siglo XVIII que la diferencia podría estar motivada por una pedagogía divina de
enseñar la fe a los indígenas de modo progresivo, difiriendo mostrar el hecho
de su maternidad virginal de Nuestra Señora o, por el contrario, un modo de
evitar confundirla con Dios mismo. Sin embargo hoy sabemos que la simbología
indígena del lazo negro que cuelga de sus manos es precisamente mostrar su virginidad,
a la vez que se la ve encinta de quién es origen de la vida por
la flor nahui-ollin que aparece en su túnica.
El hecho de que sean
imágenes semejantes, con y sin Niño, adquiere importancia después de la
aparición de México es decir, una vez que la Virgen muestra claramente la unión
entre la historia de la advocación y la Mujer del Apocalipsis. La
referencia del posible valor simbólico de esta segunda imagen extremeña para el
mensaje de la advocación la adquiere por relación a la que el Cielo imprime en
la tilma de México. Solo cuando la
aparición de México se muestra de un modo que se parece a la segunda imagen en
el monasterio extremeño, de algún modo deja de ser una imagen más entre las
muchas que hay allí de la Virgen, además de la original aparecida al vaquero
Don Gil. A partir de entonces no es superfluo intentar comprender por qué en
España hay una imagen de Guadalupe apocalíptica con el Niño visible en sus
brazos y en México con el Niño oculto en su vientre, alterando aparentemente la
secuencia temporal natural: se aparece encinta en América (1531)
después de haberse mostrado en Extremadura con su Hijo en brazos (1499).
Invito al lector a
realizar su propia hipótesis, probablemente tan válida como cualquiera que
respete las cuatro reglas básicas que enumeraba al inicio de este apartado. La
mía, y no por eso mejor, abunda en la tesis básica de este libro. En mi
opinión, no hay error en el desarrollo temporal de ambas imágenes de la Virgen.
Sabemos que su encargo en México habla del segundo y del tercer
templo a la vez. El segundo templo es visible, sin embargo el tercer
templo es invisible. Por eso San Juan no ve templo[6] en los tiempos de la
Ciudad Santa, de la nueva Jerusalén que bajaba del Cielo de junto a Dios,
engalanada como una novia ataviada para el esposo[7].
Curiosamente la distancia temporal entre las dos imágenes de la Mujer
del Apocalipsis es de 32 años. Ya vimos que la aparición de la Virgen en México
fue en el 1499 aniversario exacto de la predicación que Nuestro Señor hizo en
la fiesta de la Dedicación[8] del Templo (Fiesta de las
Encenias), ocurrida en el equinoccio de invierno del año 32: ¿No está
escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois?[9]. Quizás por
ello en el año 1499, en Guadalupe de Extremadura, segundo templo, quiso
poner la Virgen un antecedente del mensaje sobre el tercer templo, dioses
sois[10],
que iba a realizar 32 años después en México.
Adicionalmente se puede pensar que esta dualidad de imágenes
apocalípticas con y sin Hijo señala a España, Tarsis,
como el lugar en que nacerá el hijo varón que la Mujer del
Apocalipsis dará a luz espiritualmente con dolor y que ha de regir a todas las naciones con cetro de
hierro[11].
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