Inmaculada y Mujer del Apocalipsis Imprimir E-Mail
escrito por Administrator   
Sunday, 23 de March de 2008
    El tipo de imagen que describe a la Virgen en la tilma es una Inmaculada Concepción encinta de estilo realista. En el año 1531, aunque la doctrina de la Inmaculada había recibido ya un fuerte impulso con el establecimiento de su fiesta litúrgica en 1476 por el Papa Sixto IV, aún no se había definido como Dogma. El hecho de que sea esta la figura como se convirtió en señal la Reina Celestial[1], refuerza la importancia de esta doctrina para configurar todos los privilegios marianos así como su maternidad divina y de todos los hombres que en esta tierra estáis (...) y de las demás variadas estirpes de hombres[2]  a la vez que señala una vez más la conexión futura con la Nueva Jerusalén porque nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira[3].

[1] Nican Mopohua 189
[2]
Nican Mopohua 30-31
[3]
Apocalipsis 21, 27

        Pero además de configurarse como Inmaculada, la imagen está plena de detalles llenos de significado. El sol, la luna, las estrellas, las flores, los cerros, las plumas, los colores, los glifos del vestido, todos juntos configuran un verdadero códice para los indígenas, transmitido dentro de una imagen de estilo clásico europeo que, ayudó a asimilar a los aztecas las verdades de la fe cristiana de un modo apropiado a su cultura. Los historiadores aún profundizan en estos símbolos, si bien con frecuencia lo han hecho desde perspectivas ajenas a la fe, lo cual les ha llevado a interpretaciones completamente divergentes del sentido mariano de la aparición e incompatibles con la historia previa de su advocación. 

         Entre los simbolismos indígenas congruentes con el sentido sobrenatural del mensaje de la aparición se encuentra una flor de cuatro pétalos en su túnica a la altura del vientre y situada entre otras flores que también pueden tener diversos significados. Esa flor central, igual a otra que aparece en el vestido interno de la talla de Extremadura, parece una estilización del nahui-ollin, signo del origen de la vida, del principio y fin, del centro de la historia, de la morada de Dios. La Virgen, viniendo de Dios y poniéndolo en su vientre, muestra a los indígenas que tiene a Dios en su interior. Complementariamente da este mensaje en el siglo XX a través del mapa de estrellas que contiene su manto, en su vientre se situaría, en clara posición fetal, la constelación de Leo, relativa al León de Judá. 

     Diversos autores han profundizado con mayor o menor acierto en los simbolismos indígenas que puede contener la imagen de Guadalupe en México. Nuestra opinión es favorable a esas conclusiones siempre que concuerden con la finalidad primaria de transmitir la fe, con la historia milenaria de la advocación, con la voluntad de la Virgen manifestada principalmente a través de los textos del Nicán y con el mensaje apocalíptico que quiso asociar a su manifestación al imprimir una imagen concordante con la descripción de la señal de la Mujer en ese libro sagrado[1]. En otro caso, las clasificamos como hipótesis erróneas, propias de cualquier proceso investigador

 

Imagen de la Virgen en el Coro del Monasterio de Extremadura desde 1499

   

Relieve de una Inmaculada con el Niño, instalado sobre la silla del prior en el Coro del
Monasterio de Extremadura el año 1499, atribuida al escultor flamenco Digante Villemin
 

        El estilo de la imagen que se imprimió en la tilma de San Juan Diego recuerda mucho a otra imagen que se había puesto el año 1499 encima del asiento del prior[2] en el Coro de la iglesia del Monasterio de Guadalupe en Extremadura. El tamaño de la Virgen en este altorrelieve es el mismo de la figura en la tilma, así como los colores del manto, los adornos de estrellas y rayos solares, la Luna y el ángel a sus pies. El color es trigueño oscuro, el rostro lleno y hermoso, frente espaciosa, ojos grandes, inclinados a la tierra, la nariz seguida en proporción, los labios delgados y juntos, el cabello es una madeja de oro muy poblada, y partida en dos mitades desde el medio de la frente[3].  El acta capitular que tomó aquella decisión mandó que la imagen fuese sicut Mulier amicta sole, et Luna sub pedibus eius, es decir como Mujer vestida de sol y la Luna a sus pies[4], en clara alusión a la Mujer del Apocalipsis. La semejanza es tal que en el siglo XVII se la llamaba cariñosamente en Extremadura la Virgen de Guadalupe de México[5]. Inversamente, algunos indigenistas encontraron en este parecido entre las dos imágenes la razón para asegurar que el nombre Guadalupe había sido asignado por los españoles a la Virgen del Tepeyac. Sin embargo, sin negar las coincidencias, existe una diferencia sustancial entre ambas pues en la imagen del Coro del Monasterio de Extremadura aparece la Virgen con el Niño recién nacido, pues éste se encuentra aún desnudito, mientras que en México la Virgen aún está encinta. 

         En el pasado las interpretaciones sobre la existencia de esta imagen, se han centrado en poner de manifiesto la coincidencia de parecidos casi como una mera curiosidad. Sin embargo, como queda corroborado en cada página de este libro, los detalles históricos de la advocación de Guadalupe siempre tienen una importante razón detrás de ellos, que con frecuencia se ha minimizado o pasado por alto. El prior Francisco de San José del Monasterio Extremeño pensó en el siglo XVIII que la diferencia podría estar motivada por una pedagogía divina de enseñar la fe a los indígenas de modo progresivo, difiriendo mostrar el hecho de su maternidad virginal de Nuestra Señora o, por el contrario, un modo de evitar confundirla con Dios mismo. Sin embargo hoy sabemos que la simbología indígena del lazo negro que cuelga de sus manos es precisamente mostrar su virginidad, a la vez que se la ve encinta de quién es origen de la vida por la flor nahui-ollin que aparece en su túnica. 

El hecho de que sean imágenes semejantes, con y sin Niño, adquiere importancia después de la aparición de México es decir, una vez que la Virgen muestra claramente la unión entre la historia de la advocación y la Mujer del Apocalipsis. La referencia del posible valor simbólico de esta segunda imagen extremeña para el mensaje de la advocación la adquiere por relación a la que el Cielo imprime en la tilma de  México. Solo cuando la aparición de México se muestra de un modo que se parece a la segunda imagen en el monasterio extremeño, de algún modo deja de ser una imagen más entre las muchas que hay allí de la Virgen, además de la original aparecida al vaquero Don Gil. A partir de entonces no es superfluo intentar comprender por qué en España hay una imagen de Guadalupe apocalíptica con el Niño visible en sus brazos y en México con el Niño oculto en su vientre, alterando aparentemente la secuencia temporal natural: se aparece encinta en América (1531) después de haberse mostrado en Extremadura con su Hijo en brazos (1499). 

Invito al lector a realizar su propia hipótesis, probablemente tan válida como cualquiera que respete las cuatro reglas básicas que enumeraba al inicio de este apartado. La mía, y no por eso mejor, abunda en la tesis básica de este libro. En mi opinión, no hay error en el desarrollo temporal de ambas imágenes de la Virgen. Sabemos que su encargo en México habla del segundo y del tercer templo a la vez. El segundo templo es visible, sin embargo el tercer templo es invisible. Por eso San Juan no ve templo[6] en los tiempos de la Ciudad Santa, de la nueva Jerusalén que bajaba del Cielo de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para el esposo[7]. Curiosamente la distancia temporal entre las dos imágenes de la Mujer del Apocalipsis es de 32 años. Ya vimos que la aparición de la Virgen en México fue en el 1499 aniversario exacto de la predicación que Nuestro Señor hizo en la fiesta de la Dedicación[8] del Templo (Fiesta de las Encenias), ocurrida en el equinoccio de invierno del año 32: ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois?[9]. Quizás por ello en el año 1499, en Guadalupe de Extremadura, segundo templo, quiso poner la Virgen un antecedente del mensaje sobre el tercer templo, dioses sois[10], que iba a realizar 32 años después en México. 

    Adicionalmente se puede pensar que esta dualidad de imágenes apocalípticas con y sin Hijo señala a España, Tarsis, como el lugar en que nacerá el hijo varón que la Mujer del Apocalipsis dará a luz espiritualmente con dolor y que ha  de regir a todas las naciones con cetro de hierro[11].


[1] Apocalipsis 12, 1 y ss
[2]
Fray Pedro de Vidania.
[3]
Francisco de San José, op. cit. Página 145.
[4]
Apocalipsis 12, 1
[5]
Francisco de San José, op. cit. Página 145.
[6]
Apocalipsis 21, 22
[7]
Apocalipsis 21, 2
[8]
Juan 10, 22
[9]
Juan 10, 34
[10]
Salmo 82, 6
[11]
Apocalipsis 12, 5

Modificado el ( Saturday, 26 de April de 2008 )
 
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