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Ya hemos avanzado que la amada
y preciosa imagen[1]
de la Virgen de Guadalupe en México se imprime sobre una prenda de abrigo tipo
poncho que los indios aztecas denominaban ayate o tilma y que Juan Diego
llevaba atada al cuello[2].
En su caso, la prenda está formada dos piezas rectangulares iguales, cosidas
con hilo de la misma fibra por una costura central. El tejido es tosco,
elaborado con fibras de un cactus denominado magüey, cuyo resultado final es
parecido al esparto de España. No existe ningún tipo de preparación previa del
tejido que facilitara pintar sobre él.
La duración natural
de este tipo de tejido no excede los 40 años. Sin embargo, después de más de
476 años la tilma de Juan Diego, con su estampación milagrosa se encuentra en
perfecto estado de conservación. Durante 160 años no tuvo ningún tipo de
protección que la aislara del ambiente. Estuvo expuesta al roce de los devotos,
al humo de las velas, al polvo, los insectos y la humedad, hasta que se colocó
en un marco tras un cristal. A pesar de ello, en una ocasión se derramó accidentalmente
por una de sus esquinas superiores un ácido de limpieza que dejó temporalmente
una marca amarillenta, que poco a poco ha ido desapareciendo sin ningún
tratamiento específico. Todos los expertos que han estudiado de cerca la tilma indican
que su estado de conservación es perfecto e inexplicable. Esta duración
extraordinaria es una señal más que acompaña al mensaje central que proviene de
los tesoros del cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan[3], y que se
dirige a los tiempos de la nueva Jerusalén donde no habrá
ya muerte (…) porque el mundo viejo ha
pasado[4].
También se ha expuesto que la imagen
está pintada con dos tipos distintos de pigmentos: unos son de composición
conocida (los rayos de sol, las estrellas, el ángel, la luna, el moño del
ceñidor, los dibujos de la túnica,…) y otros, por el contrario, no contienen
elementos químicos conocidos. La precisa posición de las estrellas, que no se
ha encontrado en las copias realizadas a mano en más de 4 siglos, revela que
ambos materiales fueron utilizados por un único y sabio autor, plasmados sobre
la tilma original en un único momento: el solsticio de invierno del año 1531. La
utilización de dos tipos de materiales para plasmar la imagen, unos conocidos y
caducos y otros desconocidos y permanentes, indican que Dios quiere construir la
señal principal de la aparición, que muestra la casita sagrada, en
estrecha colaboración entre lo divino y lo humano.
La imagen se imprime a la vez
flotando sobre la superficie del tejido pero
aprovecha sus mismas
irregularidades para componer la figura final.
En el mismo sentido
apunta el particular procedimiento de imprimir la imagen de la Virgen, señal de
la segunda Venida del Mesías y plano arquitectónico para construir el tercer
templo. Así pues, la figura de la Virgen vista de cerca y de perfil flota o se
superpone ligeramente, unos pocos milímetros sobre la superficie de la tilma,
tal como se trata de indicar en la siguiente figura, pero a la vez vista de
frente, la imagen aprovecha para su formación visual los mismo nudos del tejido
e imperfecciones de la tilma. De nuevo aquí vuelve a manifestarse el deseo de
unir lo divino y lo humano para formar el templo que indica la Sagrada
figura de la Virgen, como ya indicaba la utilización de colorantes conocidos y
desconocidos. El tercer templo, parecen decir ambos fenómenos, requiere
entrelazar íntimamente elementos del Cielo y de la tierra.
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