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La basílica actual, continuación
histórica de la primera ermita que mandó construir el Obispo Zumárraga, es el templo en el
llano, que cumple la parte del encargo celestial relativa a los tiempos
pre-apocalípticos, a la que Juan Diego denomina tu palabra. Pero existe
una parte adicional del encargo, futura, que la Virgen denomina mi casita
sagradatu aliento, que se debe realizar en
la cumbre del cerrillo, y por tanto en la tierra nueva, en
tiempos aún por llegar.
y San Juan Diego llama
Esta
interpretación considera que no son lo mismo los términos palabra y aliento y
tampoco son absolutamente equivalentes templo
en el siglo XVI y mi casita sagrada.
La palabra es una forma materializada
que toma el aliento o idea. El templo ya construido es la forma
material de su casita sagrada, viva, pues
Ella se muestra en Guadalupe de México como doncella encinta[1] que lleva
a Dios dentro de sí. Por tanto, tras el primer sentido material de la palabra templo acorde con un lugar - en el llano-, y un tiempo - el
pre-apocalíptico - hay un segundo sentido de su mandato que trasciende al
inmediato templo material, y que es propio de un lugar paradisíaco y un tiempo apocalíptico.
Un
ejemplo semejante le ocurrió a San Francisco cuando en 1205 en la iglesia semidestruida
de San Damián en Asís escuchó al Señor crucificado decirle: Francisco, ve y reedifica mi Iglesia, que,
como ves, está en ruinas. Inmediatamente se puso a reparar como peón
albañil aquella pequeña iglesia en la que se encontraba. Solo más adelante
comprendió que aquel mandato trascendía al edificio material y hacía referencia
a la Iglesia Universal.
La
Virgen ha pedido que se edifique un templo, ermita o capilla en muchas
apariciones suyas anteriores y posteriores. Así por ejemplo, el 23 de febrero
de 1858 en una de la apariciones de Lourdes dijo a Santa Bernardette: hija
mía, ve a decir a los sacerdotes que aquí, en este lugar, debe levantarse un
Santuario, y que a él debe venirse en procesión[2]. También a los niños de Fátima, la Virgen les
pidió el 13 de octubre de 1917 que hagan aquí una capilla en honor mío, que
soy la Señora del Rosario. En realidad, en la mayoría de las apariciones
suyas a lo largo y ancho de la geografía y de la historia, la Virgen ha pedido
que se construyera un templo que sirva como recuerdo y lugar de culto. Sin
embargo, en ninguna de sus apariciones a través de los siglos la Virgen se
presenta embarazada, como casita sagrada, sino con el Niño visible en
sus brazos o sola. En este sentido la aparición de Guadalupe resulta única y el
mandato de construir un templo, que sea una casita sagrada viva, adquiere
consecuentemente un nuevo y profundo significado, añadido al de la construcción
de un edificio material.
Para
entender el sentido profundo del mandato de la Virgen debemos remontarnos en la
Sagrada Escritura a la historia de la materialización del templo, como lugar entre
los hombres de la presencia de Dios, a quien los cielos de los cielos no
pueden contener[3]. Al principio,
antes de la existencia de Israel como pueblo elegido, los hombres no tenían un
lugar concreto y determinado en que Dios se hiciese presente. Es a Moisés a
quién Dios manda por primera vez me harás un Santuario para que yo habite en
medio de ellos[4]. Ese primer
templo o primera forma de presencia de Dios entre los hombres, se inicia en
pleno Éxodo israelita, unos 1.500 años antes de Cristo, en la fragilidad de una
tienda nómada caminando hacia la tierra prometida. Cuando se establecieron en
aquel lugar y mejoraron las condiciones materiales de la nación, las telas fueron
sustituidas por un suntuoso edificio, edificado por Salomón en el año 961 antes
de J.C. El templo era el orgullo del pueblo elegido, el centro de su capital Jerusalén,
a la que convertía en ciudad santa. Sin embargo, por los pecados de Israel en
el año 586 antes de J.C., los caldeos, con Nabucodonosor a la cabeza,
incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén: pegaron
fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos[5].
La mayoría de los habitantes fueron deportados a Babilonia y allí permanecieron
durante 70 años. En el año 536 antes de J.C., Ciro les permitió volver y
reedificar el templo. Al mando de Zorobabel y el Sumo Sacerdote Josué[6],
la tarea quedó completada en el 516 antes de J.C. Básicamente esta
reconstrucción, que fue profanada durante el periodo de Antíoco Epifanes (167
a. de J.C.) y posteriormente embellecida y ampliada con explanadas y murallas
por Herodes el Grande, es la que conoció Nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo,
como los israelitas rechazaron al Mesías, y no han conocido el tiempo de
tu visita[7], cuando Nuestro Señor exhaló el
espíritu (...) el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba a abajo[8],
y poco después la ciudad y el templo fueron definitivamente destruidos
el año 70 después de J.C. por las tropas del emperador romano Tito. En aquel
lugar se levanta hoy una mezquita que es el tercer lugar sagrado en importancia
de la religión musulmana.
Antes de que fuera destruido el edificio sagrado que
contenía la primera forma de presencia de Dios entre los hombres, es decir
aquel primer templo, Jesús dio a conocer cómo sería la nueva forma de
presencia de Dios entre los hombres, el nuevo templo que sustituiría a partir
de entonces al de Moisés, Salomón y Zorobabel. Al expulsar a los vendedores del
templo dijo a los israelitas: destruid este Santuario y en tres días lo
levantaré. (...) Hablaba del Santuario de su cuerpo[9].
En su Cuerpo la Palabra -que era Dios- se hizo carne, y
puso su Morada entre nosotros[10]
y, por tanto, en su Cuerpo reside toda la Plenitud de la Divinidad
corporalmente[11].
Con la institución de la Eucaristía cumplió su promesa: Este es
mi cuerpo (...) Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada
por vosotros[12].
Desde entonces, donde está la Eucaristía, su Cuerpo transubstanciado bajo las
especies de pan y vino, está el nuevo templo, la presencia de Dios entre los
hombres. Este es entonces con toda propiedad el segundo templo de la
historia, el correspondiente a la época que vivimos.
Para
confirmar el abandono histórico de la presencia divina del lugar geográfico del primer templo, el velo del
Santuario se rasgó en dos, de arriba a abajo[13]. Dios
había mandado a Moisés hacer aquel velo de púrpura violeta
y escarlata, de carmesí y lino fino torzal; bordarás en él unos querubines (...)
y allá, detrás del velo, llevarás el arca del Testimonio, y el velo os servirá
para separar el Santo del Santo de los Santos[14].
Tras aquel velo estaba la presencia de Dios entre su pueblo. Rasgarlo significaba
que se rompía la antigua Alianza que daba sentido a la presencia de Dios en
aquel lugar y comenzaba una nueva forma de presencia más plena a
través del velo, esto es, de su carne[15],
del Cuerpo de Jesucristo.
El
mandato de la Virgen al obispo
franciscano Fray Juan de Zumárraga, es que me erija en el llano mi templo[16]. Se trata de un edificio material en el que esté
presente la Sagrada Eucaristía, es decir un lugar como otros miles de templos pertenecientes
al segundo templo de la historia, levantados en los últimos dos mil
años. Pero, a diferencia de todos los demás templos de esos veinte siglos,
incluidos los templos que la Virgen pide edificar en otras apariciones suyas,
sólo en aquel edificio concreto de Guadalupe Ella se mostrará como
casita sagrada[17] a través de la señal-imagen
de una doncella que está encinta y va a dar a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emmanuel[18], que significa
"Dios con nosotros"[19]. Allí, en
Guadalupe de México hay un doble modo de presencia de Dios: la Eucaristía y la
señal-imagen que da milagrosa y sabiamente al obispo: Ella misma, primera casita sagrada, Sagrario viviente que tuvo
dentro de sí el Cuerpo de la Palabra hecha carne[20]. La letanía del Santo
Rosario llama a María domus aurea, casa de oro. Ella, por ser la
Madre del verdaderísimo Dios es templo particular y único, en el que Dios puso su Morada entre
nosotros[21]y especialmente mientras
estuvo encinta.
De otros modos manda la Virgen este mensaje. Así, por ejemplo, el
soporte físico en que se imprime su imagen, del que luego trataremos, es una
prenda de vestir tipo poncho que los indios aztecas denominaban ayate o tilma. Su
tejido es tosco, elaborado con fibras de un cactus denominado magüey, cuya
textura es parecida al esparto que conocemos en España. La prenda de Juan Diego
la formaban dos piezas rectangulares iguales, cosidas con hilo de la misma
fibra por una costura central rectilínea. La unión de ambas piezas se aprecia
perfectamente en el centro de la imagen original y es visible en cualquier
reproducción de mediana calidad. Esta circunstancia nada casual recuerda aquel
velo del Santuario que se rasgó por medio[22].
Ahora aparece recompuesto, cosido y así sirve de soporte para mostrar
la señal-imagen de la Virgen María como la persona en quien se recompone
aquella rotura. La costura de la tilma de Guadalupe habla de buscar en la
Virgen el modelo de la última y más perfecta presencia de Dios entre los
hombres.
Nuestro Señor en su predicación habló de una tercera forma de presencia
de Dios entre los hombres, más íntima por ser en el interior mismo del propio
hombre. Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y
vendremos a él, y haremos morada en él[23]. ¿No sabéis que
sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?[24],
que vuestros cuerpos son miembros de Cristo[25].
Esta presencia de la Santísima Trinidad en el alma en gracia que llamamos
inhabitación, actualmente incoa algo que está por llegar plenamente, hasta
que se diga como San Pablo que no vivo yo, sino que es Cristo quien vive
en mí[26].
San Pablo también explicó este modo de presencia divina: Entonces se cumplirá aquella petición del
Padrenuestro hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo[27].
En la Virgen ambas cosas se cumplen perfectísimamente.
En el año 167 antes de Cristo, la primera forma de presencia de Dios
entre los hombres fue profanada por Antíoco Epifanes. Debían suprimir en
el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas;
(...) El día quince del mes de Kisléu del año 145 levantó el rey sobre el altar
de los holocaustos la Abominación de la desolación[28].
La estatua del dios griego Zeus fue entronizada en el Santo de los
Santos del Templo de Jerusalén. Judas Macabeo[29]
encabezó una insurrección popular que tardó tres años y medio en triunfar. Tras
ello realizo una purificación y nueva dedicación del Templo, cuyo aniversario
hacia el mes de diciembre pasó a formar parte de las fiestas sagradas del
pueblo judío, con el nombre de Dedicación o Encenias. Con estos
hechos se consideraba cumplida la profecía de Daniel en la que se indicaba que
llegaría un personaje que hará cesar el sacrificio y la oblación, y en
el ala del Templo estará la abominación de la desolación[30]Sin embargo Jesucristo
hizo ver que habría otra ocasión futura en el que se cumpliría de nuevo aquella
profecía: cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el
profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda[31].
En otras palabras y desgraciadamente, al igual que la primera forma de presencia de Dios en
la historia desapareció temporalmente, Jesucristo ha anunciado que volverá a
ocurrir otra profanación de la presencia divina entre los hombres en los
tiempos del Apocalipsis, cuando ocurra la apostasía y aparezca el
impío, el hijo de perdición[32],
de quien esta profetizado que tratará
de cambiar los tiempos y la ley[33],y
en el lugar del sacrificio puso la iniquidad y tiró por tierra la verdad; así
obró y le acompañó el éxito[34].
El evangelio de San
Juan muestra a Jesús predicando en la fiesta de la Dedicación[35]
en el Templo de Jerusalén. La controversia con los judíos en
aquella ocasión terminó de tal forma que tomaron piedras para apedrearle.
Jesús
les respondió: "Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre. ¿Por cuál
obra de ellas me apedreáis?" Los judíos le respondieron: "No te apedreamos
por la buena obra, sino por la blasfemia, y porque tú, siendo hombre, te haces
Dios a ti mismo". Jesús les respondió: "¿No está escrito en vuestra ley:
Yo dije: dioses sois? Pues, si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y la Escritura no
puede faltar, a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo
le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"?[36] . Aquel día
era el final de la fiesta que duraba 8 días. Era el año 32 de nuestro
calendario y el día 1-2 de Tevet del año 3793 del calendario hebreo, que
coincidía aquel año con el equinoccio de invierno. En el 1499 aniversario de predicar
el Señor que la Sagrada Escritura llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios[37], la Virgen en Guadalupe
mostraba su casita sagrada, modelo del tercer templo en la historia.
La señal que da la Virgen en Guadalupe de una doncella encinta
es paralela a aquella otra gran
señal que dio el profeta Isaías al rey Acad en el Antiguo Testamento para
la de Acad, hace referencia al tiempo futuro en que volverá el Mesías. Para
esos tiempos del Apocalipsis, la imagen de la Virgen de Guadalupe en México
envía el mensaje de su carne virginal encinta como casita
sagrada que es preanuncio y modelo del lugar donde definitivamente estará
el tercer templo de la historia.
A
través de su situación de gravidez la Virgen de Guadalupe en México, nos hace
comprender cuál es el segundo sentido de su encargo, qué clase de templo
quiere que edifiquemos en la cumbre del cerrillo, aquel lugar que San Juan
Diego pensó era el paraíso. Ese será el templola Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a
Dios, engalanada como una novia ataviada[39], pues
he aquí que Yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán mentados los
primeros ni vendrán a la memoria[40].
de los tiempos en
que
Esto concuerda con la visión de San Juan sobre la Nueva Jerusalén
en la que no vi Santuario alguno en ella[41].
Sorpresa solo aparente de una Jerusalén sin templo o, más exactamente, sin
edificio material que sea sede de una presencia divina que no falta porque
el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario[42].
En realidad el tercer y definitivo templo de la historia existirá,
pero de un nuevo modo invisible. Del modo que indica la casita sagrada
de nuestra Señora de Guadalupe. Los que vivan entonces estarán delante
del trono de Dios, dándole culto día y noche en su Santuario; y el que está
sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos[43].
La versión oficial de la Sagrada Escritura, la Vulgata, recalca
que el Verbo se hizo carne et habitabit in nobis,
cuya traducción más directa y evidente es que habitó en nosotros.
Esto ya ocurre cuando comulgamos, pero durante pocos minutos. Sin embargo la
permanencia temporal inexplicable de un burdo tejido de ayate, que soporta una
pintura celestial, envía un mensaje claro acerca del lugar en que estará la
futura habitación permanente de Dios en los hombres.
La liturgia de la Misa da también pistas del lugar en el que estará el Trono
de Dios en el futuro. La oración que acompaña la mezcla de unas gotas
de agua en el vino, que se va a transubstanciar en la Sangre de Nuestro Señor,
tiene contenido nupcial: ¡Oh Dios!, que de modo admirable creaste la
substancia del hombre, y la reformaste de manera aún más admirable, concédenos
por el misterio de este agua y este vino, que seamos consortes en la divinidad
de Aquel que se dignó participar de nuestra humanidad. Consortes en la divinidad es la finalidad del
Sacramento de la Eucaristía que busca nuestra transformación en Cristo, el
que me coma vivirá por mí[44].
Pero no solo durante los pocos minutos que actualmente tardan en desaparecer
las especies sacramentales de nuestro cuerpo. San Pablo explica también el
nuevo modo del templo en términos nupciales. Celoso estoy de vosotros con
celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros
cual casta virgen a Cristo[45].
La virgen casta por excelencia desposada con Dios es María, Madre de
Dios y Madre nuestra. Ella, como Esposa
de Dios, es el modelo de la Alianza nupcial y primicia del nuevo y definitivo templo.
La costura del inesperado lienzo de Guadalupe pasa exactamente por el
Corazón Inmaculado de María. Esta nueva circunstancia termina de explicar el
camino hacia el tercer templo. Las apariciones de Fátima en Portugal han
dado un nuevo impulso a esta importantísima devoción. Ella es el modelo del tercer
templo,
de la nueva Jerusalén y su Corazón Inmaculado el molde en el
que deben tomar forma adecuada nuestros sentimientos. Su Corazón suspiró con
gemidos inefables[46]
por la llegada del Mesías más que todos los Patriarcas y Profetas del Antiguo
Testamento juntos. Sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi
carne, cual tierra seca, agotada, sin agua[47].
En el Apocalipsis se repiten estos deseos de su llegada y el
Espíritu y la Novia dicen: «¡Ven!» Y el que oiga, diga: «¡Ven![48]»
Porque entonces será el momento
de la alianza esponsal definitiva entre Dios y el hombre. Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia
el Dios vivo[49].
Como muestra el paraíso
del Tepeyac, esos tiempos se acompañaran de una naturaleza renovada, del
advenimiento de una tierra nueva[50]
en la que se pueda instalar la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba
del cielo, de junto a Dios[51].
En ella, como en la imagen de la Virgen de Guadalupe, el nuevo Santuario
estará permanentemente en el interior del hombre y no solo durante breves
minutos como en la actualidad. Así Cristo, sacramentado en el corazón de los
hombres reinará realmente, pero de forma invisible, en esa nueva época y
recibirá la adoración en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre
que sean los que le adoren[52].
Y entonces se cumplirá en plenitud que vuestros cuerpos son miembros de
Cristo[53], y
morada de Dios en el Espíritu[54]
[1] Isaías 7, 14
[2]
Entre
la vocación de San Francisco y la aparición de Guadalupe en México transcurre
el mismo número de 326 años que entre Guadalupe y Lourdes
[3]
1
Reyes 8, 27
[4]
Éxodo
25, 8
[5]
II
Crónicas 36, 15-16 y 19
[6]
Esdras 2, 2 y Ageo 1, 14
[7]
Lucas
19, 44
[8]
Mateo
27, 50-51
[9]
Juan
2, 21 y 23
[10]
Juan
1, 14
[11]
Colosenses 2, 9
[12]
Lucas 22, 20-21
[13]
Mateo 27, 50-51
[14]
Éxodo 26, 31-33
[15]
Hebreos 10, 20
[16]
Nican Mopohua 33
[17]
Nican Mopohua 26
[18]
Isaías 7, 14
[19]
Mateo 1,23
[20]
Juan
1, 14
[21]
Juan
1, 14
[22]
Lucas 23, 45
[23]
Juan
14, 23
[24]
1
Corintios 1, 16
[25]
1
Corintios 6, 15
[26]
Gálatas 2, 20
[27]
Mateo 6, 10
[28]
I
Macabeos 1, 45 y 54
[29]
II
Macabeos 2, 17
[30]
Daniel 9, 27
[31]
Mateo 24, 15
[32]
II
Tesalonicenses 2, 3
[33]
Daniel 7, 25
[34]
Daniel 8, 10-12
[35]
Juan
10, 22
[36]
Juan
10, 31-35
[37]
Juan
10, 35
[38]
Isaías 7, 14
[39]
Apocalipsis 21, 2
[40]
Isaías 65, 17
[41]
Apocalipsis 21, 22
[42]
Apocalipsis 21, 22
[43]
Apocalipsis 7, 9 y 14-15
[44]
Juan
6, 57
[45]
II
Corintios 11, 2
[46]
Romanos 8, 26
[47]
Salmo 63, 2
[48]
Apocalipsis 22, 17
[49]
Salmo 84, 3
[50]
Apocalipsis 21, 1
[51]
Apocalipsis 21, 2
[52]
Juan
4, 23
[53]
1
Corintios 6, 15
[54]
Efesios
2:, 21-22
|