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Como
ya hemos dicho, la aparición del Tepeyac es la primera aparición en la historia
de las apariciones marianas en la que la Virgen entabla un diálogo filial entre
ella y la persona que le está viendo. La cercanía y ternura que respira todo el
texto del Nican Mopohua es absolutamente distinta a cualquier relato
anterior de apariciones marianas. En las etapas históricas previas, las
apariciones de la Virgen descubren una imagen, se realiza un milagro o un encargo,
sin que tengamos noticias de diálogos significativos. Esto ocurre en las manifestaciones
del primer milenio como por ejemplo las que dan origen a las advocaciones del
Pilar en Zaragoza, la Virgen de las Nieves en Roma o la de Covadonga en
Asturias. También ocurre en las de la primera mitad del segundo milenio, como
en las que surgen las devociones del Escapulario del Carmen a San Simón Stock o
del rezo del Santo Rosario a Santo Domingo. Por el contrario, en las
apariciones de la segunda mitad del milenio posteriores a Guadalupe, conocemos
abundantes diálogos como los de la Medalla Milagrosa de Paris, Lourdes, Fátima
y otros lugares. Como recuerdo de aquel primer diálogo, la Virgen hizo un
intercambio de fotos, también único en la historia. Juan Diego recibió la
imagen de la Virgen en la tilma y Ella imprimió la figura del indio, en lugar
preferente y junto a otras, en la diminuta representación de sus ojos.
El núcleo de este primer diálogo contiene la misma
finalidad de la aparición: Mucho quiero,
mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada[1], que me
erija en el llano mi templo[2]. En otras palabras la
Virgen desea que allí se construya un edificio material que tenga finalidad
sagrada, como pidió doscientos años antes en Extremadura al vaquero Don Gil y como
pidió en otras muchas apariciones como Lourdes o Fátima. A través de este templo
material, Ella desea mostrar a su divino Hijo por Quien se vive, el Creador
de las Personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del
cielo, el Dueño de la tierra[3]. En ese lugar sagrado lo
daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi
auxilio, en mi salvación[4]. Y además de mostrar a
Dios, ese edificio material le servirá como lugar privilegiado para plasmar su
amor maternal a los hombres en cosas
tangibles: escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas
sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores[5]. Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los
hombres que en esta tierra estáis (...) y de las demás variadas estirpes de
hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen
en mí[6].
Actualmente el templo del Tepeyac es
probablemente el más visitado del mundo. Diariamente se ofrece el Santo
Sacrificio de la Misa cada hora, desde las 6:00 de la mañana hasta las 21:00
horas. No hay visitante que no quede impresionado por el ambiente de fe que se
respira en su entorno. En cierta ocasión un grupo de mexicanos fue en peregrinación
al santuario de Santa María de la Paz en Medjugorje en la antigua Yugoslavia,
hoy Bosnia-Herzegovina. Una de las videntes quedó sorprendida de su presencia pues
según les dijo en una ocasión la Virgen: En Medjugorje me aparezco, pero
vivo en México.
El hecho de que su encargo principal lo plantee a
través de una doble terminología permite pensar que la duplicidad de palabras
es algo más que un simple recurso lingüístico,
para remachar su interés en el encargo. Profundizando en ellas, se descubre un
segundo sentido, que también parece lo intuyó Juan Diego al describirlo
también de dos formas: tu venerable
aliento, tu venerable palabra[7]. En efecto, la Virgen pide que se edifique
un templo con dos frases semejantes pero no iguales: primero dice que aquí me levanten mi casita
sagrada[8]
y poco más adelante, refiriéndose al obispo, que me erija en el llano mi
templo[9]. La Virgen, dentro de la conversación de su
primera aparición, diferencia dos lugares para su encargo: aquí y en
el llano. Aquí en aquella primera conversación era arriba del
cerrillo[10]
Tepeyac, mientras que el llano era un segundo lugar más abajo, aunque cercano
y dentro de aquella área. La cumbre del cerrillo
por su belleza era realmente el paraíso, mientras que el llano era donde la Virgen vino a
bajar de sobre el cerro[11] para
ir a buscar a Juan Diego que huyendo de Ella pensaba, no vaya a ser que me
vea esta Señora[12].
En el lenguaje del Apocalipsis, esos dos lugares se refieren respectivamente a
la tierra nueva[13] y a la tierra
actual o primera tierra que para entonces había
desaparecido y el mar no existía ya[14]. O lo que es
lo mismo, dos tiempos absolutamente distintos de la historia.
La
basílica actual, continuación histórica de la primera ermita que mandó
construir el Obispo Zumárraga, es el
templo en el llano, que cumple la parte del encargo celestial relativa a
los tiempos pre-apocalípticos, a la que Juan Diego denomina tu palabra. Pero
existe una parte adicional del encargo, futura, que la Virgen denomina mi
casita sagrada y San Juan Diego llama tu aliento, que se debe realizar
en la cumbre del cerrillo, y por tanto en la tierra nueva,
en tiempos aún por llegar.
[1] Nican
Mopohua 26
[2] Nican
Mopohua 33
[3] Nican
Mopohua 26
[4] Nican
Mopohua 28
[5] Nican
Mopohua 32
[6] Nican
Mopohua 30-31
[7] Nican
Mopohua 38
[8] Nican
Mopohua 26
[9] Nican
Mopohua 33
[10]
Nican Mopohua 12
[11]
Nican Mopohua 105
[12]
Nican Mopohua 101
[13] Apocalipsis 21, 1
[14] Apocalipsis 21, 1
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