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La
talla se pensaba que estaba labrada sobre madera de encina propia de la región
extremeña. Sin embargo, en un análisis realizado en 1967 se comprobó que el
soporte es madera de cedro. Antes del descubrimiento de América este tipo de
madera noble era propia del Líbano, Turquía, Chipre, el Atlas norteafricano y
el Himalaya. Dadas las circunstancias de incomunicación de los cristianos con
el norte de África en los siglos anteriores a la aparición en Extremadura y la
lejanía de la India, restan como posibles áreas para el suministro del material
en que se esculpe la imagen las que concuerdan con la historia de su
procedencia de Jerusalén y Bizancio.
En el Antiguo Testamento la madera de
cedro es utilizada como material noble en la construcción del templo, tanto en
el de Salomón[1] como en el que reconstruye
Zorobabel a la vuelta del destierro en Babilonia[2]. También se incluye la
madera de cedro en los rituales de purificación de los leprosos que se curan[3] y simbólicamente se
compara la altura que alcanza este árbol con el justo que
crece como un cedro del Líbano[4].
[1] 1
Reyes 5, 24
[2]
Esdras 3, 7
[3]
Levítico 14, 4
[4]
Salmo
92, 13
A través de estas circunstancias colaterales e imprevistas que rodean su
aparición, la Virgen refrenda con hechos, más allá de los documentos escritos,
la historia de su advocación, a la vez que construye su mensaje. Es la madera
del primer templo y ella pide que se construya un templo. Es material de
ablución y limpieza de una enfermedad vergonzosa y alrededor de su advocación
se producen, curaciones y resurrecciones. Su origen geográfico está en Medio
Oriente y de allí parte la historia de su advocación. La situación se repite en
los hechos que rodean su aparición en México, con nuevos paralelismos que no
sólo iluminan su historia sino que la engarzan con las principales profecías de
la Sagrada Escritura. No obstante, tanto en México como en España han existido con
frecuencia partidarios de desligar la advocación de su historia, como ciegos
que guían a otros ciegos[5], y arrancando así las páginas
de un único mensaje que Dios desea transmitir.
La talla muestra a
la Virgen sentada, con el Niño en su regazo. Mide 59 cm. de altura y está
policromada. La cara es de tez oscura por la policromía, que desea reflejar las
palabras del Cantar de los Cantares: estoy morena, es que el sol
divino me ha quemado[6]. En ella destacan sus
grandes ojos que captan inmediatamente nuestra mirada. Los pies calzados con
zapatos negros puntiagudos, pisan una pradera o huerto. La decoración de sus
vestiduras tiene cuatro flores tetralobuladas símbolo de su triple virginidad
antes, durante y después del parto y de su poder celestial. Posteriormente en
la túnica de la imagen que se plasma milagrosamente en México vuelve a aparecer
una flor tetralobulada sobre el vientre de la Virgen, que los indígenas
interpretaban como signo de maternidad divina. El Niño que mide 23 cm., está
sentado sobre la Madre con los pies descalzos. La imagen se presenta a la
devoción del pueblo vestida con manto, corona y cetro desde el siglo XIV.
5] Mateo
15, 24
[6]
Cantar 1, 6
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