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Hacia el año 592
llega la talla a la ciudad de Hispalis y se entroniza solemnemente en lugar
destacado de su iglesia mayor. Allí recibió la veneración de los sevillanos
durante unos 120 años. Sevilla (entonces Hispalis), a orillas del río
Guadalquivir (entonces río Betis) no es un lugar cualquiera aleatorio para
continuar la profunda significación histórica de la advocación de Guadalupe, ya
que se trata de la ciudad continuadora de la antigua Tarsis[1]
bíblica. Esta ciudad se cita veinte veces en ocho de los libros de la Sagrada
Escritura,
como un lugar de abundancia de oro, plata, marfil, monos y pavos reales[2]. Salomón en su esplendor tenía naves que navegaban a
Tarsis con los siervos de Juram, y cada tres años venía la flota de Tarsis
trayendo oro y plata, marfil, monos y pavos reales[3]. Durante más
de cuatro siglos, desde el siglo X a.C. hasta tiempos del profeta Ezequiel en
el siglo VI a.C. aparece el nombre de esta ciudad como un puerto de mar lejano
ligado al comercio con Israel, especialmente a través de Tiro en la costa
fenicia: plata, hierro, estaño y plomo daba por tus mercancías[4].
La mayoría de los historiadores ligan este puerto bíblico con la
civilización de Tartessos, en el sur de la Península Ibérica y más
concretamente lo sitúan en alguna de las dos desembocaduras que por entonces
tenía el río Guadalquivir. Sin embargo, el entorno natural de aquel importante puerto,
como profetizó Isaías, se transformó ya sea debido a alguna catástrofe, al
proceso natural de sedimentación en el estuario del río o a la conquista
cartaginesa de la Península Ibérica: cultiva tu tierra, hija de Tarsis: no hay
puerto ya[5]. Ululad, naves de
Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza[6]. Otras
ciudades marítimas de aquel reino, más alejadas de la geografía del estuario
perduraron como puerto, como Gades (Cádiz) y Huelva.
Mapas del siglo XVI. Sevilla se sitúa en un estuario distinto de la
configuración actual de la costa
El hecho de mencionar el estaño, tan necesario
para fabricar el cobre, hizo pensar que Tarsis podía estar
situado en las islas Británicas. Sin embargo en la Península existía este
mineral junto con el plomo. Entre otras, las minas de Río
Tinto comenzaron a explotarse en el siglo IX a.C y se sabe que en el siglo VI
a.C. los pueblos Celtas de Galicia comerciaban estos minerales con los fenicios
a través de Gades. Asimismo, también hoy todavía existen monos en
Gibraltar. En definitiva, Tarsis señala hacia el sur de la
Península Ibérica, con toda probabilidad en las cercanías de Sevilla.
Pero sobre los detalles anecdóticos anteriores, la
importancia de Tarsis como lugar geográfico proviene de mencionarlo el profeta Isaías y
algunos Salmos como lugar relacionado con importantes
profecías futuras. Así se señala que de Tarsis surgirá algún día un
importante caudillo y legislador de las naciones[7]. También se indica que los reyes de Tarsis y las islas traerán
tributo[8] y que los barcos se juntan
para mí, los navíos de Tarsis en cabeza, para traer a tus hijos de lejos, junto
con su plata y su oro, por el nombre de Yahveh tu Dios y por el Santo de
Israel, que te hermosea[9]. En
otras palabras, la Virgen, que más
adelante tomará la advocación de Guadalupe, escoge como lugar para que se la
venere aquel del que surgirá en los últimos tiempos, los tiempos del
Apocalipsis, un personaje que reunirá a las 12 tribus de Jacob, es decir que
intervendrá en la conversión de los judíos predicha para esos tiempos.
Pero Sevilla en
aquellos años no es solo un lugar citado bajo el nombre de Tarsis
en la Sagrada Escritura, sino que en aquella época ya es lugar de santidad. Ya
hemos visto que allí se había forjado la conversión de San Hermenegildo, rey y
mártir de la Eucaristía en el año 585. El Obispo Leandro que ayuda a su
conversión y recibe la talla de la Virgen en el 592 también será santo. Su hermano
y sucesor en el año 599 no sólo será santo, sino el hombre más sabio de la baja
edad Media. La Sabiduría de San Isidoro quedó en los 20 tomos de las
Etimologías, el libro más importante que compendia la sabiduría anterior a modo
de enciclopedia, y en los 3 libros de las Sentencias que fueron escritos a los
pies de la después se llamará Virgen de Guadalupe. De su piedad, sabiduría y
buen gobierno surgen los decretos del V Concilio de Toledo en el 636 que
establecen por primera vez en la Iglesia la necesidad de crear un seminario en
cada diócesis para formar al futuro clero. A San Isidoro se le atribuyen históricamente
dos importante profecías[10] relacionadas con España y
los últimos tiempos, que quizá surgieron de su oración a los pies de la talla
de Guadalupe.
A su
escuela-seminario de Sevilla acudió entre otros y en ella se formó el primer gran
defensor de la Inmaculada, San Ildefonso, que algún tiempo después fue nombrado
obispo de Toledo. Como queda certificado en las actas de uno de los Concilios
de esa ciudad, la Virgen en agradecimiento de su predicación se le apareció y
le impuso una casulla con la que debía celebrar la Misa en sus fiestas. Doce
siglos antes de definirse el Dogma de la Inmaculada, a los pies de la que más
tarde se imprimirá como Inmaculada en otra casulla mucho más sencilla
del nuevo mundo, en una tilma, a los pies de su talla en Sevilla ya se marcaban
las líneas del mensaje que nuestra Madre quería dar bajo éste título. La
dominación musulmana hizo que se perdiera la noción clara de la conservación de
la casulla de San Ildefonso. La tradición más probable la sitúa en una urna del
tesoro de la catedral de Oviedo, pero en cualquier caso las referencias
históricas mencionadas muestran que la relación entre la Inmaculada y Guadalupe
comenzó mucho antes del siglo XVI.
Hacia el año 714, la
invasión musulmana, comenzada tres años antes, se asienta en la Península
Ibérica. Al igual que hoy en día en las naciones musulmanas, la dificultad para
mantener el culto público de los católicos se hace insostenible y obliga a un
grupo de sacerdotes sevillanos a trasladar hacia el norte la imagen, que por
entonces ya era la Virgen más venerada de Sevilla y esconderla con dignidad bajo
tierra, a unos 220 km, en la comarca extremeña de las Villuercas junto al río
Guadalupejo. El traslado incluye las veneradas reliquias de dos santos hermanos
de los obispos Leandro e Isidoro, San Fulgencio y Santa Florentina, que también
son escondidas a pocos kilómetros de la imagen, en el pueblo denominado
Berzocana, perteneciente hoy a la provincia de Cáceres en la diócesis de Plasencia.
Las reliquias de San Isidoro se mantuvieron todavía dos siglos en Sevilla hasta
que fueron reclamadas por los reyes cristianos y terminaron de modo milagroso en
León en la iglesia que lleva su nombre, panteón de los reyes españoles de la
Reconquista.
Dos casullas milagrosas
ligadas a Guadalupe: San Ildefonso de Toledo (648) y San Juan Diego (1531) SEQ Figura \* ARABIC
No se puede pasar por alto el significado y
mensaje que tiene el extenso periodo de seis siglos en los que la imagen de la
Virgen se oculta a la vista de los hombres. Para entenderlo, debemos comprender
que los hechos que entretejen la historia de la advocación tienen estrecha
relación con la Mujer del Apocalipsis. Y en este libro sagrado se describe una
persecución del Dragón a la Mujer que huyó al desierto
donde tiene un lugar preparado por Dios[11].
No significa que la Virgen dejara de auxiliar a los cristianos durante aquellos
siglos, pues ya hemos visto por la historia que nunca dejó de hacerlo en
multitud de formas incluidas diversas manifestaciones extraordinarias como
Covadonga o el Escapulario del Carmen. Parece por tanto que el mensaje es
específico de la advocación de Guadalupe y que, por tanto, se refiere a una
actitud que los cristianos deberán seguir en los últimos tiempos, para
preservar la fe de los ataques del Dragón y sus dos Bestias. En definitiva es
el mismo consejo que ya dio Nuestro Señor para aquellos tiempos: Cuando veáis "la
abominación de la desolación" erigida donde no debe -quien lea, entienda-,
entonces los que estén en Judea, que huyan a
los montes[12]. Las catacumbas
preservaron históricamente la fe y los ritos litúrgicos, cuando las
persecuciones arreciaron en el Imperio Romano. Los últimos tiempos serán
momentos difíciles, en los que la huída al desierto o a las catacumbas será la
actitud más prudente y adecuada.
Seiscientos años más
tarde, en otras condiciones sociales y faltando aún doscientos años para
finalizar la ocupación musulmana de la Península Ibérica reaparecerán en forma
milagrosa aquella talla y las reliquias de los santos que le acompañaron en su
huída, ambas por separado pero con pocos años de diferencia. Sin embargo es
significativo que para que los cristianos reconquistaran Sevilla (Tarsis)
fue necesario un rey Santo, San Fernando, primer rey que unió las coronas de
León y de Castilla, especialmente devoto de la Virgen. La fecha de conquista de
la ciudad coincidió con el aniversario de la llegada de las reliquias de San
Isidoro a León y la tradición dice que la noche anterior el rey tuvo una
aparición del santo obispo. La Virgen en México quiso probablemente aludir implícitamente
a estos santos custodios de su historia, relacionados con León, cuando dejó que
su imagen reflejara las estrellas del firmamento, visualizadas a través de su
manto. En ese mapa en espejo del cielo, la constelación de Leo se posicionaría invisiblemente
en ella sobre su vientre embarazado, marcando que allí la Virgen contiene al
León de Judá.
Con la reaparición
de la histórica y ya milenaria talla en Extremadura comienza una nueva etapa de
la advocación, en la que tomará su nombre de Guadalupe con que el que desde
entonces se la conoce. Su templo en esta apartada región llegará a ser el más
visitado de toda Europa por los peregrinos de varios siglos. La difusión de su
devoción a partir de entonces llegará a todos los confines de la tierra, porque
su mensaje alude a todos los hombres.
[1] I
Reyes 10, 22; 22, 49; II Crónicas 9, 21; 20, 36-37; etc
[2] 1
Reyes 10, 22
[3] II
Crónicas 9, 21
[4]
Ezequiel 27, 12
[5]
Isaías 23, 10
[6]
Isaías 23, 14
[7]
Isaías 55, 4
[8] Salmo
72, 11
[9]
Isaías 60, 9
[10] Los textos atribuidos a estas profecías son los siguientes:
§
"Los últimos días, reinará en la gran España un rey
ampliamente dotado de piedad. Y reinará por una mujer cuyo nombre empezará con
Y y terminará con L. Y dicho rey vendrá de las regiones orientales y
reinará en su juventud. Personalmente combatirá las impurezas de las Españas, y
lo que el fuego no devore, la espada lo devastará. Reinará sobre la casa de
Agar (los árabes) y obtendrá Jerusalén. Pondrá el signo de la Cruz sobre el
Santo Sepulcro y será un gran monarca."
§
"Guay de ti España y del tu gran caudillo sin corona de virtudes, que
tus fedores y los tus pecados grandes aborrecidos son a Dios y la sangre de los
pequeños demanda vengança (...). Guay de ti, que rompiste los adarves de las tus
ciudades (...). Guay de ti, quebrantadora de las cosas (...). Guay de ti, España,
que faras barragana a la Esposa de Jesucristo; peor heres que los gentiles
idólatras. España, criadora de la mala seta de Mahomad, será destruida en cisma
con gran furia y saña, ca los reinos Della se levantaran los unos contra los
otros" (Planto -
Biblioteca Nacional)
[11]
Apocalipsis 12, 6
[12]
Marcos 13, 14
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