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Hacia finales del año 589, el mismo año del III
Concilio de Toledo, se declara una terrible peste en Roma. Las víctimas caen a
centenares y el mismo Papa Pelagio II muere el 7 de febrero del año 590. En
medio de la caótica situación se tardan varios meses[1] en nombrar sucesor del
Papa. No obstante Gregorio, como diácono mayor de la ciudad da las órdenes y
convoca un periodo de oración y penitencia especial durante la Cuaresma para
impetrar el final de la plaga. Como colofón de ese periodo de penitencia, el
día de Pascua organiza una procesión que parte de las siete iglesias
principales de la ciudad, marchan cada una con su respectiva imagen hacia la
Iglesia de Santa María la Mayor. Desde allí se unifica la comitiva para rodear
la ciudad. Entre las imágenes que salen en procesión está la talla que ha
recibido Gregorio como regalo del emperador de Bizancio y el icono de Santa
María Salus populi romani que se venera desde dos siglos antes en la
iglesia de Santa María la Mayor, ambas procedentes según la tradición de las
manos del evangelista San
Lucas. En un momento determinado, al llegar al conocido hoy como castillo de
Santangelo, todos ven a un ángel enfundar una espada flameante y oyen cantar
las tres primeras estrofas de la oración Regina Coeli, a la que Gregorio añade la cuarta "ora pro
nobis Deum". Desde ese instante cesan las muertes por causa de la peste.
Pocos meses después se nombra a Gregorio Papa, que pasará a la historia como
santo y con el sobrenombre de Magno. La talla de San Lucas pasará entonces al
oratorio privado del Papa.
[1] Hasta
el 3 de septiembre no se nombra a su sucesor que será el Papa San Gregorio
Magno
Para conmemorar
aquel hecho único en la historia, dentro de los actos del año jubilar
Guadalupense[1],
el 29 de mayo del 2007 una copia de la talla de la Virgen viajó a Roma, acompañada
por el obispo de la diócesis de Toledo, primado de España, a la que pertenece
el santuario actual, los de las diócesis extremeñas y más de mil fieles. Allí
repitieron aquella procesión histórica partiendo de Santangelo y
llegando hasta San Pedro. Al día siguiente, 30 de mayo, el Papa Benedicto XVI
bendijo la imagen y recibió a los peregrinos.
Este hecho marca por
primera vez la relación de la Virgen de Guadalupe con la Resurrección de Jesucristo,
que es modelo de la del resto de los hombres al final de los tiempos. La
salutación mariana que sustituye al Angelus y a la Salve durante el
tiempo pascual, tiene su momento de origen en un acontecimiento en el que
estaba presente la actual talla de la Virgen de Guadalupe, que se venera en
Extremadura. A su vez este suceso queda ligado a la curación de una gran peste,
que más adelante volverá a darse en nuevas ocasiones de la historia de la
advocación, especialmente en México.
Poco tiempo después,
el Papa Gregorio decide regalar aquella imagen de la Virgen a su amigo el
obispo Leandro de Hispalis. Aprovecha para realizar el traslado a Andalucía un
viaje a Roma de su hermano y sucesor más tarde en la sede de Hispalis, el santo
obispo Isidoro. Durante el viaje por mar ocurre una fuerte tormenta, de la que
se ven libres al invocar la protección de la Virgen orando ante aquella imagen
que transportan. Nueve siglos más adelante, en 1492, Cristóbal Colón a la
vuelta de su primer viaje a América, se encuentra en circunstancias semejantes,
de las que sale milagrosamente invocando y haciendo un voto a la Virgen de
Guadalupe. En 1571, el almirante de la Armada que vence a los turcos en Lepanto
y libra a la cristiandad de su dominio, lleva en su camarote una copia que han
enviado al rey Felipe II del icono de México y a su imagen se encomienda
fervientemente cuando cambia el signo de la batalla.
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